Con frecuencia los padres
tenemos la sensación de que nuestros hijos no valoran lo que tienen. A lo largo
de la infancia (cuanto antes mejor) y durante la adolescencia, hemos de enseñar
a nuestros niños a valorar los pequeños detalles, a sentirse afortunados, a ser
agradecidos y a cuidar las cosas. Podremos irles preparando, así, para su vida
futura, para ser felices con lo que tienen y no con lo que desearían tener.
Los niños y adolescentes deben
aprender que las cosas tienen un valor, que es importante respetarlas y
cuidarlas para mantenerlas y que conseguirlas supone un esfuerzo. Cuando
educamos en un ambiente en el que se consiente todo, en el que el niño o
adolescente tiene todo lo que demanda y cuando algo se pierde o se estropea se
sustituye con facilidad, no aprende el valor de las cosas ni lo que supone
lograrlas. Esto no debe depender de que a los padres les resulte más o menos
fácil adquirir ciertas cosas por sus recursos económicos; valorar lo que
tenemos y cuidarlo ha de ser un valor universal.
Evitemos…
…darles todo aquello que nos
piden: no permitamos que nuestros hijos (tengan la edad que tengan) se conviertan
en “pequeños tiranos” que no aceptan un “no” por respuesta. Hagámosles
comprender que no siempre se consigue todo lo que deseamos cuando nosotros lo
deseamos. La paciencia y el valor del esfuerzo son esenciales.
…reponer sin más aquello que
han estropeado: si las cosas se deterioran por su uso lógico, tiene sentido
reponerlas con naturalidad; si el motivo es el uso inadecuado o descuidado y el
niño o adolescente desea tenerlo de nuevo, debería tener un coste para él (de
su propina o después de hacer un esfuerzo extra de algún tipo), para que sienta
que no es “gratis” y, de ese momento en adelante, ponga más cuidado y cariño.
La vida es un regalo en sí
misma, hay miles de detalles que cada día nos lo pueden recordar. Hagamos de
nuestros hijos personas agradecidas y vitales, personas entusiastas que dan
valor a lo que realmente lo tiene.

