Dios mío…¡otra rabieta!…
Estamos tranquilamente en la caja del supermercado cuando, de repente, el precioso angelito que va detrás de nosotros (o nuestro precioso angelito) se tira al suelo llorando, chillando, con la cara roja y llena de mocos. En ese momento, y después de la quinta rabieta de la tarde, sientes que tu energía y tu paciencia están a punto de agotarse… “Rabietas”, “pataletas”, “berrinches”… así denominamos la ira de los niños, la expresión de su frustración. Es una liberación incontrolada de enfado, que tiene unos minutos de duración (aunque a quienes las sufrimos nos parezcan horas), durante la cual el niño muestra uno o más de los siguientes comportamientos: chillidos, llanto, pataleo, mordiscos, manotazos, lanzamiento de objetos, insultos o incluso golpes en la cabeza. Entre 12 y 18 meses empiezan a manifestarse estos arrebatos emocionales, que tendrán su punto álgido a los dos años e irán disminuyendo y suavizándose hasta los 6 años. Podemos decir, por lo tanto, que las rabietas se consideran adaptativas durante toda la primera infancia, aunque no todos los niños pasan por esta etapa con la misma intensidad. La ausencia total de pataletas se da en contadas ocasiones. ¿POR QUÉ SE PRODUCEN LAS RABIETAS? El hito más importante del desarrollo entre los 12 y los 18 meses es la deambulación: el niño empieza a andar solo y quiere verlo todo, explorar, experimentar, y se encuentra con un “NO” a cada paso que da: ¡NO cojas eso!, ¡el enchufe NO se toca!, ¡NO te subas a la mesa!... A medida que crecen, empiezan a tener más independencia y quieren hacer las cosas por sí mismos, a adquirir autonomía. Quieren apañarse solos, pero sus ganas son mayores que sus capacidades y fracasan. En ocasiones, los adultos no tenemos paciencia suficiente para esperar a que hagan algunas cosas solos y, por prisa o comodidad, no les permitimos esas pequeñas cotas de autonomía y recibimos como premio un berrinche. También empiezan a adquirir conciencia de sí mismos como individuos y a vislumbrar la posibilidad de tomar decisiones; pero no quieren ensayar sólo algunas decisiones, quieren asumirlas todas, y como no entienden de dinero, de tiempo… una y otra vez les decimos “NO”. Ellos consideran nuestras tomas de decisiones tan arbitrarias como las suyas, no creen que existan grandes razones detrás de ellas. Y así van acumulando pequeños fracasos a lo largo del día. Hay niños que explotan con cada revés que sufren; otros, sin embargo, lo hacen a la contrariedad número diez de la mañana, a la decisión número diez que no han podido tomar… El niño de dos años (momento en el que las rabietas se encuentran en su punto álgido) cuyo lenguaje resulta muy poco elaborado, no puede expresar de otra forma su frustración. Pero es una circunstancia que se atenúa con el tiempo, a medida que crecen y se desarrolla el lenguaje: si tienen buenos modelos, irán aprendiendo a canalizar su frustración a través de la comunicación.

Esta es la razón por la que, cuando se van expresando con más claridad, aprenden mejor el funcionamiento del mundo y son más autónomos; entonces, las rabietas disminuyen, para acabar siendo poco frecuentes a partir de los 6 años.
FACTORES QUE NOS PUEDEN AYUDAR A ANTICIPAR UNA RABIETA:
El nerviosismo y el cansancio suelen ser malos amigos del cumplimiento y el razonamiento. Las tareas que exigen un esfuerzo mayor del habitual o que resultan excesivas para nuestro hijo pueden provocar un sentimiento de frustración que se manifieste con una rabieta. Ante esta situación, podemos ayudarle y colaborar con él en la resolución de dichas tareas o sustituirlas por otras más adecuadas a su capacidad. Las novedades o los cambios suponen, por lo general, alteraciones de comportamiento. Si explicamos a nuestro hijo lo que va a suceder y qué reacción o comportamiento por su parte son deseables, le estamos dando información, tiempo y pautas para que prepare una reacción adecuada.
¿QUÉ PODEMOS HACER PARA CONTROLAR LA SITUACIÓN?
Toma aire, respira… Si sientes que la situación te supera y tienes ocasión de separarte de ella, hazlo. En ese caso, lo ideal es que te des el relevo con tu pareja o con la persona que te acompañe en ese momento. Evita, en la medida de lo posible, situaciones, lugares o incluso personas que sabemos por experiencia que alteran a nuestro hijo. Eso no significa que la familia tenga que dejar de hacer lo que tiene por costumbre; solo, si es viable, sus miembros pueden organizarse para, por ejemplo, no ir todos al supermercado si sabemos que ese es un lugar en el que suele haber rabietas (quizá tenga la pataleta en casa, cuando se entere de que no va al súper , pero en casa es más fácil gestionar el enfado). No te preocupes por lo que pensarán las personas que presencian la rabieta. Actuemos en consecuencia y no permitamos que nuestro hijo “gane” sólo porque tiene espectadores. No hagamos lo que pide para acabar rápidamente con el espectáculo. En esos momentos debemos mantener el control, porque eso le ayuda a él a recuperarlo. No nos pongamos a su nivel. Evitemos los gritos, el castigo, el azote, la burla… Funciona mejor ofrecerle calma, serenidad y mostrar cierta indiferencia. A veces es suficiente distraerlo y dirigir su atención hacia otra cosa; ero no pretendamos dialogar en ese momento con él. Esperemos a que pase el mal momento y entonces expliquémosle que comprendemos el motivo de su enfado, pero que hay otras maneras de pedir las cosas, independientemente de si es posible conseguirlas o no.
Cuando llega la calma, llega también el tiempo del abrazo, en el que le dejamos claro que, a pesar de todo, lo queremos mucho.

Eduquemos al entorno: si papá y mamá deciden actuar de una determinada manera ante las rabietas, evitemos que el resto de la familia interfiera, por incomprensible que les pueda resultar vuestra postura. No debemos reaccionar ante las rabietas en función del lugar y las personas ante las que suceda (si estamos en casa, con firmeza; si estamos con los abuelos, cedemos a sus peticiones…). Estaremos dando a nuestro hijo pistas más que evidentes de que hay momentos y espacios en el que uno puede hacer lo que quiera y otros en los que las cosas “se ponen feas”… No te desanimes y vuelve a empezar al día siguiente con la misma energía e ilusión. Comenzamos una nueva jornada llena de oportunidades para disfrutar juntos.
Adaptación de:
http://www.omundoaoreves.com/socorro-mi-peque-tiene-una-rabieta/
http://socorrotengounbebe.com/2013/04/17/rabietas/
http://www.psicologia-manzano.com/#!%C2%A1Socorro-rabietas/cl6t/CEC6E36F-9CB3-4824-B994C6524C477EFE

