Menudo divertida que ha estado la mañana.
Elena, la mamá de Andrea, que es enfermera, ha venido a contarnos lo que hace en su trabajo y durante unas horas todos hemos sido enfermeros y pacientes.
Hemos estado muy atentos y después de tener las manos muy limpias, que es lo más importante, para no contagiar y de ponernos el gorro protector, nos hemos puesto manos a la obra: Con el fonendoscopio hemos oído nuestro corazón, nos hemos mojado un poquito con el suero y.....hasta nos hemos puesto inyecciones. Y nadie ha llorado.
Nos han inflado y desinflado el brazo como al increíble Hulk, es decir nos han tomado la tensión.
Y como nos portamos muy bien, la enfermera nos ha regalado un palito, un depresor, que luego hemos coloreado con rotuladores.
Nos han gustado mucho los vendajes. Todos queríamos tener heridas para vendarnos alguna parte del cuerpo.
Y hemos sido nosotros los que con la linternita hemos mirado la vista a la enfermera.
¡Póbrecita, casi la dejamos ciega!
Muchas gracia Elena, hemos salido muy contentos y lo hemos pasado muy bien. Ya sabemos que no nos tiene que dar miedo ir al médico ni visitar a la enfermera.















































